|
Nuestro agradecimiento a Kenya por su empeño en convertirse en una guerrera dispuesta a instaurar la paz en su corazón. Es un placer saber que es parte de la familia.
Me gustaría contaros como comenzó mi camino en Nilaya, no sé si os habréis sentido igual que yo alguna vez en vuestra vida.
Yo me he pasado toda la vida sintiéndome rara o diferente porque mis circunstancias familiares no eran normales, (después con los años he descubierto que no existen las circunstancias familiares “normales”), con el deseo de estar alegre y bien con la “gente”, sin saber porque pasaba de la euforia a la depresión.
Mi entorno justificaba mis cambios de estado de ánimo por “mis circunstancias familiares”, lo cual sólo ayudó a crear un pobrecito de mí que me está costando bastante poner en su sitio. Siempre tuve el apoyo de amigos que me animaban y novios que me querían cuidar, a simple vista todo bueno para mí, lo malo es que no era cierto, sólo estaba alimentando ese “pobre de mí” hasta que se hizo muy grande y molesto, no sólo para mí sino para la gente que quería ayudarme, y en ese momento que os puedo asegurar que fue muy duro, llegó mi gran salvadora La Depresión.
Cuando uno se siente deprimido, y me refiero a cuando ya no te puedes reír porque se te ha olvidado, todo se desmorona a tu alrededor, A Dios Gracias, porque sino nunca saldrías de ese infierno en el que estas metido sin saber porque, al que todo el mundo juzga desde fuera y dentro como “normal”. Para poneros un poco más en antecedentes os diré que las dos personas en las que me apoyaba en ese momento, una amiga desde niñez y mi novio en aquel momento, me pedían a gritos que les dejara marchar, ya no podían aguantar más mi estado de ánimo.
En ese momento en el que tu quieres salir, porque si señores la gente no se deprime por gusto, comenzó mi búsqueda en libros, psicólogos, psicoanalistas, etc… por suerte me encontré en mi vida con Sonia que en un principio sólo me dijo “Hola, yo también soy buscadora desde hace mucho tiempo, yo te voy apoyar pero no te voy a dejar sola”, aunque no siempre te diga lo que quieres oír e incluso te resulte dura mi sinceridad pero “yo no te voy a dejar sola”, y así ha sido hasta el día de hoy. Ella me llevó a Nilaya por primera vez a un Curso de Cantos Armónicos, y ahí comenzó mi relación con Nilaya.
Los cantos armónicos me llegaron fuerte y volví a Madrid encantada porque acababa de encontrar algo que si funcionaba, como soy un poco Antoñita la Fantástica pensé: Ya tengo la clave para superar la depresión, con que cante todos los días lo tengo resuelto, en realidad no fue tan fácil pero si el gran comienzo.
Después apareció el curso de Energía Universal y en sus tres meses de duración comenzaron los grandes cambios, durante el primer mes dejé al psiquiatra, el segundo a la psicoanalista y al tercero me separé de mi novio. No estoy diciendo que los cursos sean mágicos, el cambiar requiere mucho esfuerzo pero son un camino estupendo para aprender que puedes transformarte hacia donde tú quieras y que puedes escoger el camino de no sufrir en tu vida.
A partir de ese momento comencé a sentirme un pedacito de Nilaya y que estaba entrando en una pequeña y acogedora familia, y lo digo así porque para mí es muy importante sentirme parte de una familia, supongo que cada uno de vosotros resaltaríais una sensación distinta, pero como es mi relato yo resalto éste sentimiento “FAMILIA”.
Mirando para atrás me parece increíble el cambio, hablo de un año y medio aproximadamente, en el que he pasado de vivir atemorizada y sin capacidad de hacer frente a mi vida a comenzar el camino de conocerme.
También tengo que deciros que tomar el compromiso real de transformar tu forma de vida no es algo fácil, ni que se pueda hacer de la noche a la mañana, y os lo digo porque desde mi faceta de Antoñita la Fantástica es fácil pensar, que sólo por descubrir un método que funciona desde ese mismo momento los males desaparecen, no es así y tener paciencia es importante, os lo digo por propia experiencia. Por eso trabajar y al cabo del tiempo mirar atrás y darte cuenta de lo que has avanzado es la gran recompensa.
Cuando comencé este relato no sabía muy bien donde iba acabar y supongo que por ser lo que más me toca en este momento quiero resaltar, que las cosas no son siempre lo que parecen, que es duro pero muy saludable enfrentarse a la imagen mental que uno tiene de si mismo (“molesta” mucho ver que no eres tan bueno, ni tus intenciones son tan puras y que lo que tu considerabas lo mejor de tu carácter es un ego como una catedral), pero la recompensa llega cuando consigues aceptarlo y dejar de luchar contra ti mismo para llegar a cumplir las expectativas.
Es posible que durante esta transformación la gente de siempre, la que necesitaba de tu “pobre de mi” para estar a tu lado desaparezca, y es duro ver cuando se sienten heridos sin que tu entiendas muy bien porque, en ese momento habrá que dejarles marchar para poder continuar el camino sin ir demasiado cargada de equipaje.
Y aquí termino este pequeño relato diciendo simplemente GRACIAS FAMILIA.
|