| LA POESÍA DEL CUERPO (Reflexión del libro "La Enfermedad busca sanarme") |
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Gracias a Kenya por enviarnos esta reflexión tan esclarecedora que nos recuerda que no podemos olvidarnos de lo emocional cuando hablamos de enfermedad en el cuerpo físico.
La columna vertebral permite estar de pie frente a la vida, y que soportemos su carga, aunque algunas veces recibamos golpes por detrás. Las extremidades inferiores nos permiten avanzar e ir hacia los demás, establecer una relación personal o social; como el niño que descubre el mundo cuando empieza a andar. Nos apoyamos en las caderas, y a veces nos falta el apoyo, un poco como con los hombros, pero la cadera es más sensible a la traición, La rodilla nos recuerda que, para avanzar, hay que plegarse, a veces hasta hincar la rodilla en el suelo y tragarnos el orgullo…El tobillo marca la dirección a tomar, es también un punto débil en nuestra relación con el mundo. El pie, a través del talón, habla de nuestro apoyo, más bien de nuestro asiento, y con los dedos de los pies avanzamos por el mundo de las relaciones con mayor o menor convicción. El corazón es el que nos anima, mediante el sistema cardiovascular encontramos por completo, un cuerpo y alma, en todo lo que emprendemos, en nuestras reacciones, en la entrega de las arterias y la falta de “retorno” de las venas. El aliento es la vida, la alegría de vivir y de respirar, es también el ritmo, saber descansar, respirar; es por último, el espacio que a veces nos falta, es ese intercambio que nos hace respirar el mismo aire que el enemigo del cual debemos protegernos. Mediante las acciones de comer y beber asimilamos tanto el lado material como el emocional de las experiencias de la vida, a no ser que la vesícula venga decirnos, con una mezcla de ansiedad y cólera, que esa experiencia es demasiado “fuerte” y pesada de digerir. El intestino delgado discierne y escoge una cosas de otras, el hígado quiere hacerlas todas “suyas”, poseerlas, con un deseo a veces bulímico y peligroso respecto algunas experiencias de la vida que tendrían que haberse evitado con sensatez. El colón elimina, empleando una alquimia laboriosa, cosas pesadas, renuncia a ellas, no las retiene sino que, por el contrario, ayuda a pasar página y avanzar. El páncreas nos habla de dulzura de vivir, y esa idea nos ayuda también a digerir; además es el que gestiona la energía de todo lo que emprendemos. El bazo es un cementerio, lugar de todas las nostalgias, de las cosas inacabadas, pero también del retorno a la tierra, a lo que ocurre en ella y nos devuelve el sentido de la mesura. Los riñones equilibran, sopesan los pros y los contras y deciden, pero también ayudan a hacer frente a la vida y a sobre ponerse de los miedos gracias a las suprerrenales. Después, la emoción que ya no sirve es expulsada por la vejiga a través de la cual el animal que somos quiere definir su territorio. Tampoco es indiferente el lugar que ocupan las glándulas. El yodo de la tiroides es ese color violeta que une el azul del cielo y del pensamiento sereno con el rojo de la emoción y de la sangre mediante la que nos encarnamos y, a través de ella, se equilibra la acción y la retirada de la acción: tiroides en griego significa “semejante a una puerta”. Situadas sobre los riñones, las suprarrenales pueden movilizar instantáneamente toda la energía necesaria para hacer frente al peligro o al miedo. Todo el sistema genital habla, por supuesto de sexualidad, de esa relación íntima con el otro, pero también de la relación con los hijos, de la capacidad para ser padre o madre, hombre que se expresa mediante su potencia o mujer, a través de su plena realización. La piel es la toma de conciencia, la envoltura que define el límite entre el Yo y el no-Yo, el contacto con el otro. Nos habla de protección, de nuestras brechas y del dolor de algunas relaciones. Pero también hace ver lo que hubiéramos querido ocultar y, sin embargo, se expone no sin cierta vergüenza. Nuestra envoltura, nuestra imagen, lugar de nuestras dificultades narcisistas también es tocada, acariciada…En algún lugar de nuestro ser la piel nos habla de amor. Todo el cuerpo nos habla, y nos cuenta una historia muy hermosa… |
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